viernes, 9 de septiembre de 2011

p_osmodernidad



Lourdes Almeida
La Vida de Cuadritos
Núm. 10, 1982
Polaroid
36 x 26.5 cm
Col. de la artista

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Pensemos en una renovación de nuestro trabajo, cavilemos que, tal vez, se nos ha terminado la imaginación para crear un nuevo zapato o una nueva mochila, según sea el caso, que se han agotado nuestras técnicas, o al menos eso creemos, suponemos que ya todo está dicho y que necesitamos un nuevo punto de partida, y aunque no planteamos una problemática conciente, ese inconveniente lo compartimos casi de manera global, o al menos eso parece. Pues bien, ese entorno, hace más de medio siglo, parece haber sido el detonante de lo que, bien o mal, se entiende como posmodernidad, algunos creen que ni siquiera se llegó al coda de la modernidad e incluso, tal vez fue un intento infértil porque las condiciones no permitieron una evolución moderna, pero se llegó a una siguiente etapa, o al menos eso queremos.


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Una de las tendencias de la cultura posmoderna es la deconstrucción. Esta es una técnica o estrategia semántica, proveniente de la teoría crítica francesa, específicamente, derivada del famoso filosofo Jacques Derrida. Esta técnica nace de una necesidad de descentralizar, del intento de querer cambiar la percepción de un tema, incluso en la actualidad se habla de la deconstrucción como una forma de destruir o eliminar un concepto.

La modernidad se percibía como un orden autoritario y era necesario romper las reglas para establecer una nueva forma de trabajar –si cabe el término-, por un lado existía una necesidad por proponer algo radical pero por otro, inherente al conocimiento, existía una necesidad de establecer una plataforma argumental basada en conceptos o teoría que sigue existiendo, los criterios que debemos conocer para después destrozarlos: entonces la deconstrucción es una astucia imprescindible de la posmodernidad, para muchos, es la época de la creación y el respeto por la individualidad, para otros es la época del caos y la destrucción. Cualquiera que sea el caso, es parte de la evolución.


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La posmodernidad, según Jean-Francois Lyotard, uno de los principales teóricos, surgió a finales de los 50’s, coincidiendo con la reconstrucción europea. En México –y en Latinoamérica- para los 80’s y más de veinte años después no se sabía si se pasaba por lo mismo, sin embargo Octavio Paz, sin usar el mismo término, en los 60’s ya había advertido el agotamiento de las prácticas modernas en la creación plástica. Entonces aparece una distorsión, nada nueva: la posmodernidad no es la crítica a la modernidad porque ésta ya existía desde antes.

A una obra plástica moderna, en general se le pueden atribuir muchas características, pero algunas son muy puntuales: una revaloración del oficio, un desencanto ante propuestas comprometidas socialmente, la utilización de elementos tradicionales y de carácter local, una vuelta a lo narrativo y a la figura, así como una interpretación irreverente de las obras del pasado y un rechazo a la innovación, a lo que yo llamaría, una experimentación que abandona por fin la ingenua objetividad, que aborda sin miedo un documentalismo propio, subjetivo, y se lanza a un tiempo de invención de una historia particular, “tan solo nuestra”.


bibli_ografía
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